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Testimonios

“Gracias a ustedes por ser tremendo equipo como Clínica”

Mi nombre es Daniela Cornejo y tengo 33 años, a pesar de ser una mamá que muchos considerarían joven, intenté por 9 años tener a mi hijo Vicente Sebastián y lo logré después de 2 años de tratamiento ¡finalmente resulto!.

Soy de Valdivia y acá no hay especialistas en fertilidad, de hecho el doctor ginecólogo que me veía me indicó que nunca íbamos a poder ser papás y que era mejor que nos fuéramos haciendo la idea de adoptar un niño como una posibilidad.

Para mi fue muy difícil, porque yo tenía 25 años cuando me casé y pasaron 2 años sin poder quedar embarazada, algo pasaba y no sabía qué. Mi mamá, investigando a través de las redes sociales, descubrió que había una Clínica en Viña donde hacían tratamientos y me comentó.

Al principio, me parecía una locura viajar desde Valdivia a Viña, pero luego de la primera consulta con el doctor Carlos Sferrazza, nos dimos cuenta que era posible, que con voluntad y arreglando vacaciones y días de permiso iba a poder colocarme en tratamiento. Todo se fue dando y el apoyo de mi marido, de mi familia y de los profesionales de la Clínica fueron súper importantes.

Recuerdo con especial cariño a Soledad, la matrona, siempre atenta, presente, preocupada de todos los detalles del proceso, hasta el día de hoy nos escribimos y le cuento cómo va creciendo mi Vicente que ya tiene 2 años y 2 meses.

Como tuve tantos intentos que no resultaron, ya al final estaba muy cansada, agotada emocionalmente porque el esfuerzo era harto, también desde la parte económica, pedimos préstamos y por acá y por allá, nos fuimos arreglando. El gasto fue harto, pero valió la pena.

Recuerdo que el día de la transferencia fue un 05 de septiembre, nos quedamos en un alojamiento en Viña, porque a pesar de tener yo familiares en Valparaíso, no queríamos dar tanta explicación ni decir nada aún, habíamos pasado por tanto que queríamos mantenerlo en privado. Al día siguiente, nos fuimos a Osorno a la casa de mi mamá y esos fueron los 13 días más largos de mi vida.

Me hice el examen de sangre para saber si había resultado, leí el informe, pero no entendí nada, pregunté de inmediato a mi doctor y ¡estaba embarazada! Nos abrazamos y lloramos con mi mamá, éramos solo las dos, porque mi esposo estaba en comisión de servicio en otra ciudad.

Yo había preparado todo un plan para contarle a mi marido si resultaba, pero no me aguanté, lo llamé por teléfono enseguida y lloramos juntos, esto fue un 19 de octubre y yo había estado de cumpleaños un par de días antes, el 16. ¡Fue el mejor regalo! esa semana del 19 mi teléfono recibió más llamadas de felicitaciones y buenos deseos que para mi propio cumpleaños. Fue muy lindo, estaré siempre agradecida de la clínica. ¡Gracias a ustedes por ser tremendo equipo! y hacer posible la llegada de mi Vicente Sebastián Pedrero Cornejo.


“¡Desde el momento en que pisé la Clínica, tuve un buen presentimiento!”

Entrego este testimonio como una forma de incentivar a que más mujeres se atrevan a ser madres. No importa las dificultades que haya que superar, cuando uno quiere, puede. Lo importante es que lo intenten, que no se queden con la sensación de no haber hecho todo lo posible.

Mi nombre es América Salinas, soy reponedora en un supermercado y mi marido es chofer de una empresa contratista y nunca nos ha faltado nada gracias a Dios.

Siempre les digo a las parejas o a las mujeres que quieren ser mamás que lo intenten, que averigüen, que se informen, que existen médicos y equipos de especialistas con calidad humana como los que me tocaron a mí en la Clínica de la Mujer.

Tengo un hijo de 24 años de una relación anterior que crie prácticamente sola hasta que conocí a mi esposo Claudio Calderón. Hace 13 años que estamos juntos y hace solo 3 que fuimos papás.

Me tomó 10 años ser mamá y es triste recordar por todo lo que pasé. Primero intenté quedar embarazada sola pero como no resultaba, consulté en el Hospital de Los Andes mis posibilidades para entrar a un programa de fertilidad, y luego de una larga espera, me derivaron a Santiago al IDIMI. No fue buena mi experiencia en IDIMI y tampoco resultó el tratamiento. Tenía una sola trompa pues la otra la perdí luego de un embarazo gemelar ectópico por lo que me dijeron debía operarme. Entonces me fui a IVI, pero allí el trato fue muy frío y distante. Caí en depresión.

Lo más difícil fue un día decirle a mi marido que si él quería ser papá, mejor se buscara otra mujer. Fue terrible, me sentía culpable de no poder darle un hijo.

Un día en medio de todo este proceso triste, me encontré con una amiga que estaba embarazada, la felicité y le pregunté por su historia, y ahí me habló de la Clínica de la Mujer en Viña. Me dijo “es excelente, a mí me han tratado increíble, los doctores son cercanos, preocupados, muy humanos, siempre te dan posibilidades y te orientan considerando tu historia”. Me entusiasmé y decidimos con mi esposo agendar una hora.

Llegué a la clínica sin muchas esperanzas, pero desde el momento en que la pisé, tuve un buen presentimiento, a mi esposo también le pasó lo mismo. Me dijo: “Negra, estoy seguro de que aquí saldremos embarazados”. Fue muy loco, desde el primer momento me sentí acogida por todos, desde las secretarias de la entrada, hasta las matronas, recuerdo con mucho cariño a la señora Rosario, las biólogas, para que decir la señorita Erika, fueron espectacular conmigo y el doctor Carlos Sferrazza también, tuve muy buena conexión con él, tal vez por mi personalidad media desordenada, enganchamos muy bien.

El primer intento no resultó, me quería morir, entonces fue fundamental el apoyo de los profesionales de la clínica. Recuerdo que el doctor Sferrazza me dijo “América, no está todo perdido, aún tienes embriones y puedes realizarte otra transferencia”.

Este es uno de los pocos lugares donde entregan más de una oportunidad cuando la primera transferencia falla y aún hay embriones. Luego de 2 meses me transferí nuevamente y ¡resultó! Me embaracé de mi bebé Rodrigo Calderón Salinas quien hoy tiene 3 añitos, es hermoso y lo amo con todo mi corazón.

Los viajes desde Los Andes a Viña fueron tranquilos, aprovechamos con mi esposo quedarnos todo el fin de semana cuando me realicé la última transferencia y lo pasamos muy bien descansando y mirando el mar.

Estoy muy feliz y estaré siempre agradecida de la clínica, del apoyo y la calidad humana, aunque tengo que decirlo, pagamos el tratamiento como en 48 cuotas, pero no me arrepiento de nada. Lamentablemente en Chile la cobertura es muy baja, pero por otra parte mucha gente se endeuda por una casa, un auto, viajes, nosotros lo hicimos por tener un hijo, la plata es plata no más…va y viene, pero la satisfacción de hacer todo lo que pudiste por traer una vida al mundo y darle lo mejor, eso no se paga con nada. Lo digo de verdad, lo digo desde el corazón. Sufrimos mucho con mi esposo, pero todo valió la pena y ¡hoy somos unos papás muy felices!


“Estábamos en los trámites para el proceso de adopción y decidimos intentarlo nuevamente.”

Me llamo Francia Jorquera, tengo 44 años y una bebita de 10 meses llamada Alma Olivos Jorquera. Es nuestra regalona, yo soy de una familia de 9 hermanos y todos ya tenían hijos, mi Alma es la más chiquitita de todos los primos y por parte de mi esposo, la única nieta, mi esposo es hijo único, así que es nuestra regalona por donde se le mire.

Mi historia por ser mamá comenzó a los 32 años cuando me casé con José, siempre tuvimos la idea de ser papás y el tener hijos era algo que nos parecía natural después de haber decidido formar una familia juntos.

Pasaron 2 años para darme cuenta que algo no andaba bien, que por más que lo intentaba, no quedaba embarazada. Me sometí a un tratamiento para tratar mi ovario poliquístico con un ginecólogo en Iquique, porque mi esposo es de las Fuerzas Armadas y en ese tiempo estaba destinado en esa ciudad. Luego de tomar pastillas para controlar los quistes y de una operación, logré quedar embarazada de manera natural, pero a las pocas semanas tuve una pérdida espontánea.

En Iquique en ese momento no encontré doctores especialistas. Entonces la opción era intentarlo de manera más simple, tratando de estimular mis ovarios solo con pastillas. Logré quedar embarazada nuevamente, pero lo volví a perder.

Luego de todos estos años en Iquique, finalmente el 2015 mi esposo fue trasladado a Viña. Yo soy de Rancagua, pero ahora trabajo acá en Viña, soy profesora básica de historia y de matemática en un colegio de la zona.

Sin proponérmelo volví a quedar embarazada una tercera vez, estaba muy contenta porque ya llevaba 5 meses de embarazo y volví a perderlo. Acá, ya sentí que mis fuerzas no daban más, estaba emocionalmente muy desgastada y le dije a mi esposo que hasta aquí no más llegaba.

Cuando ya había pasado 1 año después de esta última pérdida, recuerdo que estábamos en una reunión de amigos con compañeros de trabajo de mi marido y uno de ellos le comentó que existía la Clínica de la Mujer y que tenía muy buenas referencias de sus profesionales y de sus resultados.

No descartamos la posibilidad de consultar, pero ya habíamos iniciado los trámites para la adopción de un niño y ya habíamos sido entrevistados por la psicóloga.

Mi esposo al salir de esa entrevista me miró y me dijo que por favor, lo volviéramos a intentar una última vez por medio de un tratamiento de fertilización y así tomamos hora con el doctor Hugo Leiva, quien desde el principio me explicó todo muy claro. Por mis antecedentes de tantos abortos espontáneos a repetición y mi edad avanzada, lo mejor era optar por la ovodonación.

El doc me dijo que yo recibiría una célula de un donante, un óvulo y que eso era parte de un proceso. Que sería fecundado con los espermios de mi esposo y que además debía ser transferido a mi útero, para luego crecer y esperar los meses que correspondieran hasta su nacimiento.

Durante todo este tiempo, tuve el apoyo del doc Leiva que se portó un 7 con nosotros y también el de la matrona Sole y de la psicóloga Erika, siempre comunicándose para saber cómo me sentía o cómo iba mi tema.

¡Lo intenté por una última vez y resultó! No me sentí mal durante el embarazo, a pesar de sufrir una diabetes gestacional controlada, tuve a mi hija de término con sus 9 meses de gestación.

Alma es una gordita saludable que llena nuestras vidas con su risa y su cariño, aún toma pecho y ya está aprendiendo a caminar. La estamos disfrutando a concho con mi marido y estamos muy contentos con ella ¡llegó a iluminar nuestras vidas con su alegría!


“Alonso, mi bebé de 6 meses me cambió la vida.”

Mi nombre es Karina Araneda, soy profesora de un colegio en Santiago y desde los 22 años que buscaba ser mamá. Han pasado 13 años desde entonces y hoy puedo decir que soy mamá de Alonso, un bebé de 6 meses que me cambió la vida.

Mi pareja Ricardo tiene 55 años actualmente y trabaja en telecomunicaciones, él tiene un hijo grande, pero siempre me apoyó y fue de la idea de volver a ser papá conmigo.

Al comienzo de nuestra relación, que ya lleva 10 años, pensaba que tal vez el problema era de mi marido por tener más edad que yo, pero luego con el paso del tiempo y 3 intentos de inseminación intrauterina fallidos, me di cuenta que tal vez el problema podía venir por mi lado.

Probé con diferentes médicos y clínicas en Santiago, pero ninguna dio resultado. Una noche viendo televisión, escuché el testimonio del cantante de Rojo Leandro Martínez y su experiencia con la Clínica de la Mujer en Viña. No lo pensé más y tomé una hora con el doctor Patricio Masoli.

Él nos realizó diferentes exámenes y me di cuenta que mi reserva ovárica era muy baja, me aconsejó que lo más seguro era hacer una Fertilización In Vitro y que por las posibilidades de embarazo el hacerlo mediante Ovodonación era lo más recomendable.

En un principio fue muy extraño pensar en esa posibilidad, pero luego tuve una conversación con una amiga cercana y me dijo algo muy cierto, la que tendría este bebito iba a ser yo. Mi útero, mi placenta alimentándolo los 9 meses y el embarazo no hubieran sido posibles sin mí, entonces, no había más que pensar, no había nada de qué preocuparse, así que continué con mi tratamiento.

En paralelo traté de informarme lo que más pude acerca de la Ovodonación, conocí de qué se trataba el concepto de epigenética y encontré también apoyo en grupos en facebook e instagram que hablaban del tema abiertamente y sin ningún tipo de prejuicios. Además, la psicóloga de la clínica me explicó todo paso a paso. Mi donante era una joven anónima que me ayudaría a cumplir mi gran sueño de ser mamá.

Finalmente, me transferí 2 embriones y uno se reabsorbió poquito tiempo después de la primera ecografía.

El embarazo fue un poco complicado pero no dejé de trabajar. Debía cuidarme y no estresarme demasiado. Durante todo el proceso fue fundamental el apoyo de Fabiola, matrona de la Clínica, quién me acompañó siempre contestando mis llamadas incluso en las horas más increíbles.

Respecto a la parte económica, la clínica tiene un convenio con el Colegio de Profesores que me permitió acceder a un buen descuento y la diferencia la financié con un préstamo. Estos tratamientos son muy costosos y generalmente para una familia de clase media es difícil pagar sin tener facilidades.

¡Finalmente llegó el día y nació Alonso! El tercer nieto de mi familia y el más pequeñito de la familia de mi marido, un bebito muy esperado.

Hoy me siento inmensamente feliz y afortunada. Todo lo que pasamos valió la pena. Los intentos, los sacrificios económicos y ahora el dedicarle todo mi tiempo. Todo vale a la hora de ser mamá. ¡La satisfacción es enorme y el amor inmenso!.


“Hoy me conecto con la maternidad desde el amor, desde la paz y la tranquilidad, no desde el “deber ser” auto impuesto por la sociedad.”

Mi nombre es Ximena Tuteleers y hace 8 años me plantee por primera vez la posibilidad de ser madre, venía llegando de un viaje maravilloso por Europa, con el corazón lleno de amor. Entonces nos pusimos “en campaña” con mi marido. Primer error: contarles a todos sobre nuestros planes. Pasaron dos años y nada, por lo tanto, ya era momento de pasar a la siguiente etapa. ¡Obvio! Éramos una pareja feliz, que había viajado, que teníamos un perro, una casa y un auto bonito, entonces debíamos ir por eso que creí “nos faltaba” para ser más felices.

Así, me sometí al proceso más estresante, frustrante, e invasivo que había pasado en mis 30 años de vida: me hice dos inseminaciones para poder ser madre. No resultaron.

Luego, con una terapia a cuestas, por la depresión que me desencadenó el hecho de no lograr ser mamá, decidí alejarme un rato del tema. Así, volvimos a viajar y pasarlo increíble con mi marido ¡éramos felices otra vez!

Pero nuevamente, cuando había pasado el “tiempo suficiente” y a punto de cumplir mis 35 años, sentí que debía retomar el tema, ahora con palabras mayores, plantear la posibilidad de un In Vitro. Pensé que la edad ya me estaba pasando la cuenta, que tengo que apurarme porque los óvulos envejecen, que mis amigas están teniendo guaguas, que mi cuñado tiene tres y que nosotros seguimos siendo “la pareja sin hijos”, que tenemos que ir por aquello que nos falta para completar el “círculo de la felicidad”.

Y volví a ser tan dura conmigo, pensando que esto no podía ser tan difícil para mí, que millones de parejas pasan por lo mismo y que yo también era capaz. Sentí la presión social, familiar y por sobre todo la personal, entonces me di cuenta de que a pesar del tiempo transcurrido y de la terapia realizada, no estaba preparada para ser mamá o por lo menos no de esa forma y solté la idea auto impuesta por la sociedad del “deber ser madre”.

Me conecté con la maternidad desde el amor, desde la paz, desde la tranquilidad y la certeza que la felicidad no va de la mano con ser o no mamá y que uno no deja de ser mujer por no tener eso que llaman “instinto materno”. Hoy me conecto con la maternidad desde la libertad de elegir ser o no madre, y es esa misma libertad es la que me hace desear ser mamá, no para ser más feliz, ni para sentirme completa… simplemente lo deseo como un acto de amor.

Pasado este proceso, llegué el 2017 a la Clínica de la Mujer con el doctor Patricio Masoli, él me realizó finalmente la Fertilización In Vitro que no me había atrevido a hacer antes. Fue el término de un proceso larguísimo, fuerte, agotador pero por sobre todo, y aunque suene contradictorio, hermoso, lleno de esperanza y amor.

Todo comenzó el 08 de julio con los primeros medicamentos para la estimulación ovárica, esto en palabras simples, se traduce en bombas de hormonas para hacer que tus ovarios generen la mayor cantidad de óvulos. Mentiría si dijera que fue un paseo por las nubes, pero tampoco fue algo terrible, todo va en la forma como una se lo quiera tomar.

Yo me lo viví tomada de la mano fuerte y amorosa de mi marido y en la tranquilidad de mi hogar (estuve con licencia médica durante todo el proceso). Me lo viví, acompañada de mis mejores amigas, hermana y psicóloga, todas ellas actuaron como guardianas poderosas que me fueron entregando de una u otra manera, la fuerza, la garra y las herramientas para no bajar nunca los brazos. Me lo viví con alegría, con esperanza y con la convicción de que estaba haciendo algo que quería hacer y que iba a resultar.

Pasaron 20 días ¡ya estaba lista para cosechar! En las ecografías previas se veían hasta 10 huevitos, por lo tanto, todo hacía presagiar un resultado exitoso. Estaba ansiosa, pero los sentimientos que más predominaba en mi, eran el de fuerza y de valentía inherentemente femenina. Finalmente, extrajeron mediante una punción en mis ovarios (les juro que esto no duele nada, te duermen y despiertas cuando todo ya sucedió) 6 huevitos.

De los 6 huevitos sólo tres se fecundaron y convirtieron en embriones. Ese fue mi primer bajón, mis posibilidades se iban reduciendo a medida que avanzaba el tratamiento, pero ahí estaban mi marido atómico y mis guardianas para decirme ¡VAMOS!

Luego, los tres huevitos fecundados fueron vitrificados mientras se realizaba un estudio embrionario. El estudio embrionario consiste básicamente en analizar los embriones en cuanto a su capacidad para poder convertirse en vida, de esta forma, se disminuye el número de transferencias embrionarias fallidas, ya que te transfieren embriones con capacidad de gestarse, y se evita también el tener un embarazo gemelar, ya que te transfieren de un embrión. Esto es una opción que se puede o no tomar (obviamente con un costo adicional asociado), les podrá sonar quizá algo macabro, incluso hasta inmoral, respeto a cada una en sus creencias y sus pensamientos, pero para nosotros, mi marido y yo, fue una oportunidad para disminuir la posibilidad de un aborto espontáneo. Siempre una pérdida es dolorosa, se podrán imaginar cómo es ese dolor en una mujer que se somete a esta clase de procedimientos…

Pasaron doce días aproximadamente hasta que estuvo listo el estudio. Doce días en que mis tres huevitos fecundados estuvieron vitrificados. Durante todos esos días, que me parecieron una eternidad, a sugerencia de una de mis guardianas me puse a bordar, tejer e hice cuanto bricolage se me ocurrió, estaba empollando. No hubo un solo día en que no pensara en mis huevitos. Al fin, un viernes en la tarde el doctor nos llamó para avisarnos que estaba listo el estudio y que nos esperaba al día siguiente para darnos el resultado. El sábado nos despertamos muy temprano y partimos a la clínica, teníamos mucho miedo, finalmente el doctor nos entrega el informe de los tres. Sólo una tenía su plena capacidad para convertirse en vida. Lo primero que sentí fue pena, frustración y mucho pero mucho miedo, ya que nadie te asegura, que a pesar de que el embrión está bien, se implante correctamente en tu útero, solo es un aumento de posibilidades, posibilidades que en mi caso se reducían a una. Esa única posibilidad hoy tiene un año dos meses y se llama Valentina o Valientina, como me gusta llamarla.

Fue el 21 de agosto de 2017, el día de la transferencia embrionaria, recuerdo que ese día caminé con mi perrita, la Paris, por todo el borde costero, mientras pensaba…hoy es el día en que comenzaré a ser mamá y me lo repetí una y otra vez, nunca le di espacio a mi cabeza para que pensara algo distinto, dejé miedo y angustia de lado y me aferré con todas mis fuerzas a esa única posibilidad. Fue un día muy especial, muy soleado a pesar de ser invierno, fue el día en que me convertí en mamá, mientras otras mujeres iguales que yo, luchaban y ganaban, por todas nosotras el derecho a no serlo, paradójico como la vida misma…

Hoy día estoy feliz, feliz de haber dado todo por algo que quería mucho, siento que ningún sacrificio sopesa la alegría que siento, y si bien esta no fue la forma en la que quizá quería ser mamá, es la forma que me tocó, y ya está.

Hoy, agradezco a cada persona que me acompañó, me dio luz, me entregó su apoyo, y espero, por medio de este relato, poder transmitirle a aquellas que están en esta difícil situación un poco de esa luz, de ese apoyo, de esa esperanza que sentí yo. Sólo me queda decirles ¡VAMOS! aférrense con todas sus fuerzas a esa posibilidad.

“Soy un papá inmensamente feliz.”

Mi nombre es Andrés Ponce, tengo 41 años, y soy un papá inmensamente feliz junto a mi hijo Augusto de 1 año 9 meses.

Somos de Coquimbo. Nos conocimos con mi señora Erika Hernandez a los 15 y de ahí no nos hemos separado, somos amigos, compañeros y papás, y desde que tomamos la decisión de casarnos hace 11 años, nunca dejamos de perseguir el sueño de hacer crecer nuestra familia.

Mi señora es Educadora de Párvulos y yo operario en una planta industrial.

Durante muchos años intentamos embarazarnos. Realizamos 5 Inseminaciones Intrauterinas en La Serena y luego probamos con otro doctor una Fertilización In Vitro en el IDIMI pero ni siquiera alcanzamos a hacerla, nada resultaba. Esa etapa fue muy dura, sin embargo seguimos buscando ayuda e información hasta que nos encontramos con la Clínica de la Mujer de Viña. Tendríamos que hacer una In Vitro y mi suegro Roberto, que en paz descanse, nos ayudó económicamente. Siempre estaremos muy agradecidos de eso.

Pensamos que por vivir en Coquimbo sería difícil lo del tratamiento y las horas médicas, pero no fue así, pues teníamos la posibilidad de atendernos los sábados y coordinar las visitas pidiendo permiso en nuestros respectivos trabajos. Afortunadamente tuvimos el apoyo de la Jefa de mi señora y de mi Jefe también, ambos fueron súper comprensivos con nuestro tema.

Así llegamos con el Dr. Oscar Espinosa. Habíamos oído y leído muy buenos comentarios de él y mi señora no tuvo dudas de que era uno de los mejores especialistas. Realizamos una Fertilización In Vitro en Noviembre de 2016 y pudimos programar que le transfirieran los embriones dos meses después, lo que nos permitió organizarnos bien con el viaje. Además recordamos como algo muy relajante arrancarnos los fines de semana a Viña desde Coquimbo, ya que fue en el verano y aprovechamos el buen tiempo.

Cuando Erika se hizo el examen de sangre y salió positivo, fue increíble. De inmediato planeamos una celebración con los vecinos, la familia y los amigos para el fin de semana. Todos lloramos muy emocionados porque era un niño súper deseado. En mi familia, yo era el único de mis hermanos y primos sin hijos.

Eso sí, mi señora tuvo un embarazo un poco complicado, pero Augusto nació bien. Lo tuvimos en el Hospital de La Serena y allá estuvo 8 días hasta que recuperó su peso ya que nació a las 35 semanas. Nunca tuvo ningún problema de salud y gracias a Dios es muy sano.

Se parece mucho a mí físicamente y de personalidad también. Es súper apegado a mi señora, yo le digo que es mamón, aunque como papá lo consiento en todo y ella es más estricta. Lo cuidamos un montón, como hijo único. Lo adora toda la familia, los vecinos, sus abuelos, mi mamá que lo cuida todas las semanas y no puede dejar de decir que es su regalón.

Ser papá me cambió la vida, hoy todo es muy diferente, mucho mejor! Augusto es el alma de la casa, es inquieto, me deja agotado, pero lo amo con toda mi alma y todos los días siento que me ha hecho el papá más feliz del mundo!


“Mis hijos son una inyección de energía.”

Soy Carla Carreño y tengo actualmente 41 años. Luché desde que tenía 30 por ser mamá junto a mi marido Danilo Salinas, con el cual llevamos 16 años.

Mi mayor pesadilla fue la Endometriosis, condición que me provocaba unos dolores terribles en mi periodo menstrual y que me llevó a pabellón 2 veces, una en el 2010 y otra en el 2013.

Vi cuanto especialista pude en Santiago, incluso me hice una Fecundación In Vitro en el Hospital San Borja Arriarán, pero no resultó, hasta que un día me encontré con un reportaje en Meganoticias donde hablaban de Clínica de la Mujer de Viña. Miré a mi marido y le dije: te prometo que ésta será la última vez que lo intento...

Danilo, aunque ya era Papá de una relación anterior, sin dudarlo me apoyó ciegamente y comenzamos un nuevo camino por ser papás. Toda mi fe estaba puesta en este nuevo intento.

Desde un primer momento las cosas salieron bien en la clínica. El doctor Sferraza siempre me dio un apoyo incondicional. Recuerdo a las matronas, ambas muy amorosas y dispuestas a responder todas mis dudas y a la psicóloga Erika quien me explicó cada paso del proceso desde un punto de vista psicológico y humano. Todos nos hicieron sentir muy acompañados.

La espera para saber si estaba embarazada fue una de las cosas más difíciles de llevar, pero ya había superado 8 años de decepciones y ahora no podía flaquear.

Finalmente supimos que seríamos papás de 2 bebés. ¡Fue maravilloso! Mi embarazo se desarrolló con completa normalidad, nunca tuve ningún problema a pesar de que se adelantaron bastante y nacieron de 32 semanas.

Hoy soy inmensamente feliz con mis mellizos preciosos, Agustina y León Salinas Carreño. Cuento con el apoyo de mi marido y de mi Mamá, quien ha sido fundamental en el cuidado de los niños.

Mis hijos son una inyección de energía, puedo tener miles de problemas durante el día pero llego a mi casa los veo y siento que todo valió la pena. ¡Los amo con todas mis fuerzas!


“Soy muy afortunada y no me arrepiento en ningún momento de todo lo que pasé e intenté por ser mamá, era mi vocación y soy inmensamente feliz con eso”

Claudia Carrió tiene actualmente 41 años y 2 mellizos hermosos, Sebastián Alejandro y Rosario Leonor, ambos ya tienen 1 año y 1 mes. Nos quiso compartir su linda historia llena de amor y esfuerzo por ser mamá, una vocación que estuvo presente desde muy temprano en su vida. “Desde siempre tuve la inquietud por ser mamá. Conocí a mi pareja a los 27 años, era muy joven y él ya tenía 3 hijas de una relación anterior, por eso nunca nos apuramos demasiado con el tema de ser padres. Ya cuando los años fueron pasando y debía hacerme cargo del tema por mi edad, lo conversamos y comencé este camino de tratamiento.

En un principio me realicé una inseminación intrauterina pero no resultó, tenía 39 años y el tiempo estaba en mi contra. El doctor me dijo que a medida que pasan los años, la reserva ovárica y la calidad de los huevitos no es buena y eso disminuye las posibilidades de un embarazo. En medio de este proceso, que muchas veces es un camino largo y difícil, mi pareja decidió que no quería volver a ser padre y terminamos nuestra relación de 12 años. Yo no tenía ninguna duda que esto era lo que quería, así que el tema de ser madre sola no fue algo que pensé demasiado.

Mi tratamiento desde un principio lo realicé en la Clínica de la Mujer con el doctor Patricio Masoli, de quien tenía referencias muy buenas por una amiga mía colega del Hospital Gustavo Fricke que se había hecho un tratamiento de fertilidad con él y ya tenía 2 niños. El problema era que mi diagnóstico no era fácil, descubrimos que tenía los conductos de ambas trompas tapadas y un bajo número de óvulos.

En esta etapa, fue fundamental el apoyo del doctor Masoli y de la matrona la Sole Plaza de los Reyes, también el de la psicóloga Erica Sferrazza, quien me explicó cada detalle del tratamiento, aclaró mis dudas y bajó mi ansiedad. Me sentí muy apoyada y contenida por todo el equipo y eso me ayudó a salir a adelante.

Entonces fui por la Fecundación In Vitro, que era directamente intentar la concepción en el laboratorio, pero no resultó... Sabía que no debía dejarme abatir, que la medicina tiene sus limitaciones y que la naturaleza también es sabia y que probablemente no era mi momento. Debía darme otra oportunidad, así que fui por la segunda FIV, con mucha fe y pensando en que esta vez todo saldría bien.

Me transferí 2 embriones previa conversación con mi médico y la sorpresa fue muy grande al ver mi beta positiva y comprobar que estaba embarazada. Con el tiempo ambos fueron creciendo y supe que sería mamá de 2 mellizos hermosos!!! No podría creerlo. Dios me estaba dado la oportunidad de ser mamá de un niño y de una niña de una sola vez y era maravilloso!

Nunca tuve un problema en mi embarazo, jamás un alza de presión o un tema con el azúcar.

No tuve preeclampsia, ni ninguno de los problemas que pudiera tener una mamá añosa. Los tuve a los 40 años recién cumplidos y ahora ya tienen más de 1 año y son mis mejores compañeros. No puedo decir que ser mamá sola ha sido fácil, pero tengo el apoyo de mi familia entera y sobre todo de mi mamá, María Eliana, que se ha portado increíble conmigo y con sus nietos. Siempre presente y apoyándome en lo que necesite. Soy muy afortunada y no me arrepiento en ningún momento de todo lo que pasé e intenté por ser mamá, era mi vocación y soy inmensamente feliz con eso”.


“La llegada de Josefa, nuestro milagro de amor”

Nuestra historia se inició hace 5 años, cuando nos conocimos con Abraham, para la noche de año nuevo del 2014. Ese día él me contó que era un sobreviviente, que a los 21 años le ganó a un sarcoma de Ewing, un cáncer infanto juvenil muy agresivo, que atacó los tejidos blandos y el fémur de su pierna izquierda.Una de las consecuencias del cáncer que afectó a mi marido fue la infertilidad, ya que durante 4 años estuvo sometido a quimioterapia, pero antes de iniciar el tratamiento para su enfermedad, él tomó la decisión de congelar sus espermatozoides en la Clínica de la Mujer.
Cuando nos encontramos, 10 años después de su cáncer, y decidimos iniciar una relación, fue como si nos hubiéramos conocido desde siempre, tanto así que supimos que nuestro destino era estar juntos y formar una familia. Fue ahí cuando él me contó que no podía tener hijos “naturalmente”, me explicó que sin un tratamiento de fertilidad sería muy difícil que pudiera quedar embarazada. Yo le dije que no me importaba, que estaba segura que seríamos papás, que estaba enamorada de él y juntos saldríamos adelante. En ese momento vivíamos en Puerto Montt y tomamos la decisión de trasladarnos a Viña del Mar para poder cumplir nuestro máximo sueño. Mi marido, que es oficial de la Armada, fue trasbordado hasta acá y yo renuncié a mi trabajo como Jefa de Comunicaciones de un Servicio Público de la Región de Los Lagos. Estábamos dispuestos a todo por formar nuestra familia.

Llegamos a la consulta del Dr. Patricio Masoli, porque una amiga nos lo recomendó muchísimo, y fue amor a primera vista. Nos encantó su forma de ser, su proactividad, su empatía. Para mí, como mujer, además, era fundamental sentir plena confianza. Ese fue el inicio de nuestra travesía.

Nos hicimos los exámenes de rigor y confirmaron el diagnóstico de mi marido, pero también que yo tenía los niveles de la hormona antimulleriana en rangos normales a bajos, algo que era posible a mis 35 años. Con esos antecedentes iniciamos el proceso de estimulación folicular para poder realizar la fertilización in vitro. Sagradamente, durante 12 días, me inyecté hormonas para hacer crecer los 10 folículos que tenía, dentro de los cuales estarían los ovocitos, que más tarde fecundarían con los espermios congelados de mi marido. Cuando llegó el gran día de la aspiración folicular todo se derrumbó para nosotros, de los 10 folículos, solo 2 tenían ovocitos. Mis años pasaron la cuenta, tenía una reserva ovárica baja, por lo mismo, las probabilidades de ser papás eran casi nulas. Sería un milagro si esos pequeños ovulitos lograban ser fecundados…y sí, se produjo el milagro, de los dos ovocitos fecundados, uno llegó al quinto día y el embrión fue congelado.

Fue un proceso muy doloroso, ya que nos cuestionamos si seguir adelante o no. Yo estaba deshecha, porque sentí que le estaba fallando a mi marido, porque el miedo se apoderó de mí, porque creí que no iba a poder sentir nunca unas patitas pateando mi vientre. Sin embargo, en ese momento, fue fundamental la ayuda de Erica Sferraza, sicóloga de la Clínica de la Mujer, que me hizo comprender que no estaba sola en este camino, que para lograr nuestros sueños, a veces, el camino es más pedregoso de lo que uno se imagina, pero nunca debemos bajar los brazos, si lo que soñamos es realmente de corazón.También fue fundamental el apoyo de Soledad Plaza de los Reyes, matrona de la clínica, quien me hizo la promesa que, como sea, yo saldría de ahí con un bebé en mi guatita.

Decidimos con mi esposo hacer un segundo proceso de estimulación folicular y el resultado fue el mismo del primero, solo dos ovocitos y uno fecundado. Pero esta vez nuestra manera de enfrentar las cosas fue diferente, ya que comprendimos que mientras existe la más mínima posibilidad, nada estaba perdido y nuestro sueño seguía vivo.

Nuestros dos embrioncitos congelados fueron enviados a analizar. Decidimos hacerles una biopsia preimplantacional para saber en qué condiciones venían. Y ahí vino un nuevo golpe, ya que uno de ellos no era compatible con la vida producto de varias trisomías cromosómicas. Cuando el dr.Masoli nos explicó lo que eso significaba, que si me transfería ese embrión lo iba a abortar antes de las 8 semanas, sentí que algo moría dentro de mí, lloré mucho, renegué de mi fe, me sentí destruida…pero mi marido me levantó y me hizo comprender que aún teníamos una oportunidad, porque el otro embrión nos estaba esperando, sanito, sin problemas.

El 8 de noviembre de 2017 efectuamos la transferencia de nuestro único embrión, nuestra Morita como ya le decíamos. Tuvimos que esperar 12 días para saber si se había implantado, fueron los 12 días más largos de nuestras vidas. Y fue así como el 20 de noviembre la Beta HCG dio resultado positivo. Estábamos embarazados. Fue un momento mágico, sublime, lleno de felicidad y de agradecimiento.

El 8 de julio de 2018, a las 37 semanas, nuestra Josefa Aurora llegó a este mundo. Se adelantó un poquito, parece que quería conocernos tanto como nosotros queríamos conocerla. Es una niña preciosa, que hoy tiene 9 meses y medio, con unos ojos que brillan de puro amor y una sonrisa que ilumina todo lo que la rodea. Es nuestro milagro, nuestro milagro de Dios y la Ciencia.

Fue camino difícil, pero con el apoyo que recibimos de cada una de las personas que trabajan en la Clínica de la Mujer, lo logramos. Se puede, claro que se puede, solo basta llegar al lugar correcto, donde no eres un número, sino que eres un ser humano con nombre y apellido. Eso lo encontramos en un solo lugar, en la Clínica de la Mujer.

Gíssela Sepúlveda y Abraham Araya.


“Con Germancito, volvimos a nacer”

Les compartimos el testimonio de Pamela y Germán, quienes realizaron un tratamiento de Fertilización In vitro. “Un día como hoy hace un año sentimos que habíamos vuelto a nacer con nuestro hijo Germán y que la vida tenían una razón de ser. En nuestros corazones no solo podíamos sentirlo, ahora y después de nacido, lo podíamos acunar en el pecho, tocar, besar y mirar todos los días. Gracias a los profesionales de la Clínica Mujer por no dejarnos nunca desfallecer y por ser parte para siempre de nuestras vidas. Les compartimos una foto de Germancito en el día de su cumpleaños, una muestra real del esfuerzo, dedicación y profesionalismo que colocan cada día y que hoy tiene un año ya de vida. ¡Nos veremos pronto!” Pamela y Germán, papás de Germancito.


“Soy mamá de Max Antonio y estoy feliz”

Vanesa Moya. Testimonio de Ovodonación.

Vanesa Moya tenía 22 años cuando se casó con Cristian Navarro, como toda pareja muy joven, esperó alrededor de 5 años para colocarse en campaña e intentar quedar embarazada, pero los intentos se prolongaron por meses, e incluso años y eso nunca sucedió.

Vanesa es manipuladora de alimentos y Cristian feriante, ambos llevan juntos más de 12 años y hoy son padres de un niño hermoso y sano concebido por Fertilización In Vitro (FIV) llamado Max Antonio, y que muy pronto cumplirá un mes de nacido.

El camino no fue fácil, muchos intentos fallidos ocurrieron antes de que su bebé llegara. Vanesa era una chica joven de menos de 34 años con una vida sana, pero con un historial médico que dificultaba el que quedara embarazada. Con un diagnóstico de ovario poliquístico y endometriosis, además de una operación donde se le sacó el ovario izquierdo, tenía además su trompa derecha tapada y una baja reserva ovárica.

Buscando información y ayuda por internet, llegó desde Santiago a nuestra Clínica de la Mujer de Viña, donde evaluando sus antecedentes, se le planteó la posibilidad de ser mamá a través de la Ovodonación (OD).

“Al principio no quería abrirme a esa posibilidad, porque pensaba que la guagua no sería mía, pero luego entendí que eso no era así, que él era parte de mí y que sin mi útero, sin haberlo tenido 9 meses creciendo en mi guata, no era posible que el viniera a la vida. Ser mamá es lo más lindo que me ha pasado”, nos cuenta Vanesa.

Cristian en tanto, siempre apoyó a su señora, la decisión que ella tomara sería la correcta y ambos optaron por el camino de la ovodonación. El embarazo llegó al primer intento, pero tuvo algunos cuidados por un tema de cuello corto del útero que tuvo a Vanesa en reposo 28 semanas, pero finalmente el parto llegó y Max Antonio nació en estupendas condiciones.

“El apoyo que me entregaron en la Clínica fue total, acá se preocupan por las personas y su lado humano, siempre están viendo como facilitarte las cosas, no tengo nada que decir, el doctor, la matrona, la psicóloga, la bióloga, todos muy cariñoso, amables y profesionales. Hoy puedo decir que cumplí el sueño de ser mamá”, concluye Vanesa.


Hace unos años atrás llegué a la Clínica de la Mujer, luego de ver una entrevista en televisión y buscar su página web. Así fue como pedí hora con el doctor Patricio Masoli.

A los 35 años comenzó mi proceso. Con mi marido somos de Ovalle y no resultaba que yo me embarazara, mi primer diagnóstico fue de infertilidad primaria y luego problemas de ciclo ovulatorio. Después de varios exámenes y tratamientos quedaba embarazada pero no llegaba a término.

En ese entonces ya tenía 40 años y puedo decir que el doctor Masoli cambió mi vida. Me sentí inmediatamente acogida y lo principal fue que mi problema sí tenía solución, así fue como ese mismo día comenzamos mi tratamiento.

Conocí además a Soledad, la matrona de la Clínica, un verdadero angelito que me explicó detalladamente todo lo que sería y con toda esta energía que nos transmitió volvimos felices a Ovalle. Incluso recuerdo una frase de Soledad, “aquí se embarazan las porfiadas” y así no más fue.

Revisamos un tratamiento para estimular mis óvulos y me contaron que existía la ovodonación como alternativa. Finalmente me realizaron una FIV, así es como hoy en día tengo a mis mellizos Cristóbal y Trinidad.

El equipo completo de la Clínica fue un amor con nosotros. Carolita la secretaria nos ayudaba con todo lo que solicitábamos, las enfermeras, matronas, gente de recaudación. Todos tuvieron un trato muy acogedor y personalizado con nosotros e hicieron todo para que nuestra vida cambiara.

El doctor y la matrona tuvieron un trato muy especial, contestaban nuestras preguntas por mail, teléfono y whatsapp a las horas y momentos, que incluso a veces no correspondían.

Nosotros como familia invitamos a las personas a conocer la clínica, que busquen cumplir sus sueños, en especial si ellos son o serán el motor de sus vidas, no bajen los brazos. Existen médicos, genetistas, matronas, secretarias, todos de cara a que uno pueda tener su hijo, porque además trabajan con mucha calidez humana se nota en todas las áreas. Esto marca la diferencia de otros centros, que en nuestro caso fue fundamental para realizar un tratamiento a pesar de la distancia.

Muchas gracias por todo a Dios y a la Clínica la Mujer por poner estas bellas personas en nuestro camino, este es nuestro testimonio, que estaremos siempre trasmitiendo.

Cariños Kattia, Bernardo, Cristobal y Trinidad

Después de 6 meses de casados me embaracé por primera vez, pero esa alegría nos duró solo una semana ya que comencé con dolores y caí al hospital con un embarazo ectópico. Así comenzó nuestra lucha por ser padres, la cual duró 6 años.

Llegamos a la Clínica de la Mujer después de haber tenido 7 pérdidas en 4 años. Conocimos al doctor Oscar Espinosa quien nos guió y explicó un poco más sobre nuestro caso. Nos recomendó ir al Hospital Gustavo Fricke y postular al programa de fertilidad. Ingresé con todas las ganas y así comenzaron dos años de exámenes, espera, cansancio emocional y físico. Nosotros lo único que queríamos era tener un hijo.

En todo este tiempo, los resultados arrojaron que yo tenía una trompa obstruida y mi reserva ovárica era mínima. En otras palabras, era muy difícil que yo pudiera ser mamá. Lo único positivo, es que era candidata segura al programa y seguí esperando. El listado no avanzaba y nosotros comenzamos a perder la esperanza porque además estaba llegando a la edad tope.

Cuando ya habíamos bajado los brazos, recibí el hermoso llamado del hospital: había salido seleccionada para el tratamiento. Ese día solo lloré de emoción, llamé a mi esposo y hermana, y así fue como comenzó el proceso en la Clínica de la Mujer.

Al llegar, Soledad que es un amor, las secretarias, enfermeras, la psicóloga que contenía mi ansiedad y el doctor Patricio Masoli, se preocuparon de nosotros y no tengo palabras para agradecer. Siempre nos trataron muy bien, nunca nos discriminaron por venir del sistema público.

Recuerdo que tuve 4 óvulos y había que esperar que los extrajeran y fueran buenos. Llegó el día de la punción y entré pabellón, pero yo tenía la progesterona muy alta por lo que me lo harían en el siguiente ciclo, es decir, en un mes más ahí me explicaron el porqué. Yo solo pensaba que había perdido mi oportunidad. Ahí me consolaron y me dijeron que todo quedaría guardado. Pasaron los días y en víspera de navidad nos llamó el doctor Masoli para informarnos que ya todo estaba listo y en enero del 2016 me hicieron la transferencia. El 3 de febrero me hicieron el examen para ver si estaba embarazada y fue positivo!. Estábamos felices, llamamos a toda nuestra familia, quienes también fueron un tremendo apoyo. A las dos semanas después me hicieron la ecografía y estaba mi puntito, era nuestro bebé por quien luchamos. Ahí se nos olvidó todo, ya no había cansancio solo alegría y estaba nuestra ilusión. Ahí estaba lo más grande que Dios nos pudo dar. Sabíamos que los milagros existen y estaba en mí.

Ahora tiene un año 2 meses nuestra bella ESPERANZA EMILIA que llegó a llenar nuestro hogar de amor y de alegría el día 2 de septiembre del 2016, pesando 2.090 kilos. Le pusimos Esperanza en honor a que nunca perdimos la esperanza y la fe en que algún día saldríamos con nuestra bebé en los brazos. Gracias a la Clínica de la Mujer, por su trato humano, empáticos con el deseo de cada familia, y lo vuelvo a decir, no tenemos palabras para agradecer todo lo que nos ayudaron el ánimo que me daban cada vez que iba por mis hormonas, son nuestros Ángeles, nunca nos sentimos menos por venir por el sistema público.

Ahora somos la familia que siempre deseamos ser.. La familia Escobar Sepúlveda. Decir que los sueños si se cumplen, como nos decía mi Sole: “SI SE PUEDE....”

Queridos doctores, equipo y amigos...
Les escribíamos para agradecerles enormemente todo lo que hicieron por nosotros, su dedicación, tiempo y apoyo cuando lo necesitamos.

Hoy ya le decimos un hasta pronto pues su gran e importante labor ha sido y será un recuerdo que atesoráremos por siempre, les prometemos ir a verlos cuando tengamos una tremenda panza y después con nuestros "3" chukys corriendo por esa clinica.

Gracias una vez más al doctor Patricio Masoli por ser un sequísimo y haber esperado el momento indicado.

Rosario Valdés y Cindy, por habernos explicado cada proceso en detalle y haber contestado cada correo.

Cristián Huidobro, por su gran labor, atención y disposición en conseguir atendernos en su otra consulta cuando no había hora en clinica de la mujer.

Soledad, querida Sole infinitas gracias por ser nuestra mamá en ese pabellón, por cuidarnos y explicarnos en detalle cada procedimiento y post intervención. Por haber estado a mi lado (Camila) rezando y pidiendo con una fe y sinceridad única en el momento de transferencia. Momento que jamás olvidaré).

Laurita, quien hizo y hace los milagros de la vida... Quien conoció y creo a nuestros angelitos.

Secretarías, quienes desde el primer día nos acogieron con un gran amor y una atención única.

Enfermeras, mis chicas tiernas, quienes se hicieron partícipes de cada logro, y cada proceso.

Y como no nombrar a nuestra querida Daniela y Angela, quienes hicieron que conociéramos y llegáramos a esta gran familia de la Clinica.

Reproductiva de la mujer de mi querido viña del mar, gracias una vez más por habernos contactado y haber confiado en nosotros.

Gracias una vez más a cada uno de ustedes por su atención y amor hacia nosotros, la verdad es que me da pena al redactar este correo, ya que lamentablemente terminaremos este proceso en otro lugar, pero tan sólo quiero que sepan que los recordaremos por siempre y nuestros hijos sabrán de cada proceso y de cada uno de ustedes. Una vez más gracias infinitas por su profesionalismo.

Todas la sensaciones y emociones a Leandro lo han llevado a componer esta canción que adjunto en el correo, lleva por nombre "Soñé" que es un regalo en agradecimiento a su hermosa labor. Los sueños son posibles.

Los queremos mucho

Leandro Martinez C.
Camila Guzmán C.

Estimadisimos Dr. HUGO LEIVA, Sra. ROSARIO Y equipo CLINICA MUJER REÑACA:

Mi nombre es Sandra Valderrama y mi esposo Cristian Torres.

Hace 8 años comenzamos esta larga y tortuosa peregrinación, el primer intento fracasó, pero en nuestro segundo intento, el día de ayer 21/01/2014 a las 19:30 horas y con 37 semanas, pesando 2.490 y midiendo 47 centímetros, nació Emma Torres Valderrama, además de nacer completamente sana, hermosa y amadísima.

Nos robó el corazón desde que la vimos, es imposible describir la maravillosa sensación de alegría y amor que estamos viviendo.

Gracias, el trabajo que realizan es milagroso y para parejas como nosotros no es imposible encontrar la forma de agradecer. Por favor !!!

Reciban humildemente de esta hermosa familia que nació el día de ayer nuestros más sinceros agradecimientos y sigan trabajando y mejorando en esta tan hermosa y loable labor.

Saludos y nuestros respetos para las personas con más vocación y amor por su trabajo.

Sinceramente Sandra, Cristian y Emma. O sea familia Torres Valderrama.

Quisiera aprovechar estas palabras de agradecimiento para contar una experiencia de vida muy personal y extremadamente importante en nuestras vidas, que atravesó por momentos muy dolorosos, pero con un final feliz… El nacimiento de nuestra hermosa hijita Antonella.

Sabemos que hay muchas familias que por alguna razón están impedidas de tener hijos en forma natural, entendemos plenamente por todo lo que tienen que atravesar, una especie de impotencia y resignación, también sabemos que socialmente existe una presión, conciente e inconciente, que te va deprimiendo.

Algunos autores dicen que la infertilidad en la pareja es consecuencia de una o varias enfermedades, que aqueja al 20% de las parejas y que de estas el 90% podría tener éxito en concebir un hijo con un buen diagnóstico y tratamiento. Nosotros podemos decir que estos datos nos parecen verdaderos, dado todo lo que vivimos a lo largo de nuestro caminar y de tantas mujeres que veíamos, en forma silenciosa, soñaban con lograr ser madres. Estuvimos más de 9 años en este proceso, muchos doctores, muchos hospitales, muchas clínicas, variados tratamientos y nada.

Finalmente llegamos a la clínica de la Mujer en Viña del Mar (Nosotros vivimos en Santiago desde hace 5 años, anteriormente en Copiapó) por recomendación de mi hermana que trabaja en el medio, nos atendimos con el Doctor Patricio Masoli y todo su equipo de especialistas en fertilidad y luego de un tratamiento profesional y sistemático logramos tener a Antonella, nuestra hermosa hija, todo lo que queríamos en la vida.

Reconocemos en el Doctor Masoli y su equipo, un grandioso talento, un alto profesionalismo, una atención cariñosa, comprensión de lo que estas viviendo y compromiso con tu causa. Además de ello, un elevado nivel tecnológico, excelente infraestructura y flexibilidad en los horarios de atención, hasta en fines de semana, consultas por email con respuestas inmediatas no importando feriados, ni horarios. También es importante mencionar el tema financiero, dado que no es cubierto por el sistema de Isapres - espero las autoridades solucionen prontamente este tema - sin embargo en la clínica de la Mujer recibimos todas las facilidades para seguir adelante con nuestro proceso.

Finalmente tenemos a nuestra preciada hijita Antonella, muy sana, preciosa y que nos cambió la vida para siempre. Sabemos que Ella viene de Dios, que la envió con un propósito a esta vida, y reconocemos que Jesús puso el talento en el Doctor Masoli y además lo interpuso en nuestro camino para recibir la bendición más grande de nuestras vidas.

Gracias Señor Jesucristo. Gracias Patricio Masoli, gracias a todos los integrantes de la Clínica de la Mujer.

Historia de la infertilidad: como fue recibir el diagnostico, cómo lo afrontaron, intentos por resolver el problema y como todo ello influye en lo personal y pareja.

Les cuento que a los 26 años me casé, en un comienzo pensamos en no tener hijos inmediatamente, pero luego dijimos: "ya pololeamos 5 años y medio es hora de tener un bebé". Siempre me sentí feliz al lado de mi esposo; sin embargo, aunque queríamos tener un hijo ,no me embarazaba, al primer y segundo año seguía con ánimo, pero cada vez las cosas se ponían más complejas , cada vez que me llegaba la regla ,era un mar de lágrimas sin saber qué hacer, para que decirte cuando pasaba por una tienda de ropas de bebé o me invitaban a un bautizo, nacimiento o cumpleaños de algún niño, era muy triste para mí aunque no lo demostraba , no parecía justo para los demás.

Un día una amiga me dijo que no debía seguir perdiendo el tiempo con una ginecóloga que no era especialista en infertilidad y me llevó donde el doctor Pastore a quien queremos y recordamos con mucho cariño, con él estuvimos como 4 o 5 años. Me operó de una cinequia cervical y me hizo muchos seguimientos foliculares y 5 inseminaciones asistidas, la cual una de ellas resultó ser compatible con embarazo tubárico, me operó y afortunadamente no tuvieron que sacarme la trompa, descubrieron finalmente que se había formado sólo cuerpo lúteo, para que decirte lo triste que fue todo. Después nos mandó a Santiago Clínica las Nieves, allí nos hicieron estudios a ambos y me operaron de una endometriosis y más seguimientos foliculares. Una vez más el diagnóstico era "CAUSA DESCONOCIDA", eso más me abrumaba el no saber porque, quería saber cuál era la causa, pero nunca supimos. Me realicé varios exámenes que tuve que repetir y otros nuevos.

De la clínica de Santiago nos mandaron a "Clínica de la mujer" conversamos con Dr. Pastore y nos apoyó en la decisión. Entre la espera, nos separamos, la presión , los seguimientos y muchos detalles hizo que nuestra relación se quebrará y nos separamos, fue terrible, pero no duró mucho tiempo y decidimos volver con una mayor objetivo, fertilización In Vitro. Esperé hasta que estuviera Dr. Patricio Masoli a cargo del ciclo, me habían hablado muy bien de él y llegamos a su consulta. Hasta ese entonces yo ya me había realizado 52 seguimientos foliculares, muchos exámenes, 5 inseminaciones asistidas y NADA. También recuerdo que ya casi no teníamos dinero, pero igual fuimos a su consulta, mi marido se presenta y le dice …."Queremos hacer una fertilización In Vitro", el doctor nos mira y nos dice. "Esperen un poco primero tenemos que hacer algunos estudios" , mi marido le pasa una tremenda carpeta que teníamos y le dice : "llevamos casi 10 años tratando de tener un hijo y lo único que nos falta hacer es esto. El doctor nos apoyó y nos inscribió, era un ciclo que comenzaba la semana siguiente y nosotros sin un peso, nos fuimos al banco y conseguimos un préstamo y comenzamos el ciclo.

¿Como llegas a Clínica de la Mujer?
Como les conté, llegamos a la clínica de la mujer después de varios intentos, desde Santiago nos dijeron que nos estábamos desgastando en los viajes que lo intentáramos en Viña que ellos también tenían excelentes resultados.

¿Cómo fue el proceso de tu tratamiento?
Desde que vi al Doctor Masoli y conversé con él, me gustó su forma de tratarnos y de involucrarse en nuestra historia, es un hombre muy optimista y nos llenó de energía para continuar. La gente en la clínica toda estaban pintadas para ser parte de este grupo, eran cercanas amables y cariñosas, hasta el día de hoy; que pese a que han cambiado de personal, todos tienen el mismo sello, te hacen sentir parte de ellos.

Cuando hicimos la fertilización que nos dio a Vicente, aún los doctores se perfeccionaban incluyendo a Nuestro doctor, ellos te hacían toda la estimulación, seguimientos, exámenes igual que ahora, pero era otro médico quien aspiraba y hacía la implantación, pero tu doctor siempre estaba contigo y eso me hacía confiar en los demás. El proceso fue agotador y en algunos momentos de dolor, pero nosotros teníamos un objetivo, tener nuestro hijito. El embarazó fue espectacular y para que decir el parto rapidísimo, fue muy emocionante.

¿Cómo fue tu experiencia en Clínica de la Mujer?
Mi experiencia, de las mejores, les cuento que después me hice 1 inseminación asistida más, 2 fertilizaciones In Vitro y una transferencia de dos blastocistos (hace un año y medio atrás, si mal no recuerdo) y aunque no funcionaron, mi experiencia en la clínica fue maravillosa, si tuviera menos años, lo habría intentado nuevamente. Ahora ya desistimos porque nuestro hijito que era nuestro principal empuje en pedir un hermano, nos hizo reflexionar diciéndonos: "mamita yo ya no quiero que sufras más, quiero que sepas que lo intentaste y que en todos los intentos Dios quiso que yo funcionará." Ahí comprendimos que aunque Dios le da el conocimiento al hombre y que aunque ellos pongan su mayor esfuerzo, finalmente es él quien decide.

¿Qué rescatas de positivo de tu experiencia?
Creo que mi mayor aprendizaje es que: con la perseverancia puedes cumplir tus sueños, que no hay que rendirse sin agotar la última instancia, si existe aún posibilidad de concebir un hijo debes continuar.

¿Cómo fue vivir el camino hacia la maternidad con el equipo de profesionales de la clínica?
Siento que cuando alguien en el ciclo se embaraza es un triunfo para cada profesional de ella. Todos disfrutaban de mi embarazo, los profesionales de la clínica, mis amigos y familiares. Recuerdo que cuando nació Vicente, el doctor me fue a ver a la habitación y dijo: Ajuria (siempre me nombra por mi apellido) parece velorio, eran tantas flores que de verdad no había donde ponerlas, fueron 98 personas a verme a la clínica, lo sé porque hice unos recuerdos, fue genial y recordarlo me llena de emoción.

¿Que te gustaría transmitirles a las parejas que están pasando por el mismo proceso que ustedes vivieron?
Me gustaría decirles que no se rindan, que confíen, que piensen positivo y que oren, la fe es tu gran energía. ¡Sigan adelante! Y no esperen demasiado tiempo para realizar otra In Vitro o la primera, yo me demoré demasiado en la segunda, si lo hubiera hecho antes, tal vez tendría más de un hijo. Aunque mi sueño de la maternidad ya se cumplió con VICENTE.

Recibimos nuestro diagnostico con pena, se afronta con mucha unión y realizamos tres inseminaciones intrauterinas hace aproximadamente 13 años atrás. La infertilidad influyó en que pasó a ser de los dos, de la pareja.

Llegamos a Clínica de la Mujer a través de información en internet. El proceso fue largo y agotador, pero valió la pena. Nuestra experiencia en Clínica de la Mujer fue excelente, una muy buena atención, comprensión, dedicación y preocupación en lo físico y psicológico.

Rescatamos de positivo el hecho de que el proceso nos ha unido aun más como pareja y, siendo perseverantes, se logra lo que uno anhela.

Vivir el camino hacia la maternidad junto al equipo de Clínica de la Mujer fue una experiencia muy bonita, siempre se contó con el apoyo profesional.

Lo que nos gustaría transmitirle a otras parejas que están viviendo lo mismo que nosotros, es que siempre hay que mantenerse unidos como pareja y que también que siempre existe una alternativa para alcanzar lo que se quiere de verdad.

Después de haber realizado las tres inseminaciones intrauterinas las cuales tuvieron un resultado negativo, optamos por la adopción y llegaron a completar nuestra familia Álvaro y Javiera. Hoy con ellos, de 11 y 6 años, decidimos por la posibilidad de aumentar la familiar pero esta vez con una fertilización in vitro. Nos acercamos nuevamente a Clínica de la Mujer y comenzamos el tratamiento. Hoy tengo 34 semanas de embarazo y me encuentro con ansias de que nazca pronto Cristóbal.

Todo comenzó como un deseo y no como una necesidad, pues el deseo nace del corazón y la necesidad de la simple razón.

Fue entonces que llegamos hasta la Clínica de la Mujer en viña del Mar, especialista en Medicina Reproductiva, en donde un selecto grupo de profesionales, luego de escuchar y responder a todas nuestras inquietudes, nos oriento para seguir adelante en nuestro deseo.

Así fue como nos unimos y como un gran equipo decidimos iniciar un proyecto de vida, el que dio origen a esta ya tercera dulce espera.

Nada es posible sin un trabajo conjunto, al que pertenecemos todos quienes integramos una larga lista, Médicos, Matronas, Biólogas, desinteresadas personas, Secretarias, Recepcionistas, Auxiliares y nosotros como padres, quienes unidos por el amor hemos participado en la vida de maravillosos seres.

Varios fueron nuestros intentos, pero la sabia naturaleza por su parte, la perseverancia, la paciencia, la alegría, el amor y el deseo por la nuestra, lo que sumado al cariño y profesionalismo del Dr. Hugo Leiva, Matrona Sra. Rosario y Bióloga Sra. Laura, lograron materializar tan anhelada ilusión, que es esperar a nuestros hijos.

Luego de recorrer un largo camino, hoy podemos decir a todos aquellos que tienen la ilusión de ser padres, que se entreguen sin temor a su deseo, unidos a sus creencias y a su propia voluntad, piensen que cada proceso es único e individual, que no forma parte ni de estadísticas ni de modelos. Crean solo en el amor que desean entregar. Disfruten cada día y cada etapa con alegría puesto que en ellas hay un regalo especial. Y si algo no resulta, no decaigan sólo sigan adelante y dense cuenta que siempre se obtienen más ganancias, como el hecho de saber el día y la hora en que nos convertimos en padres, aun sin saber si el embarazo continúe.

Los momentos vividos no hicieron más que engrandecernos e inundarnos de gran fortaleza, y entender que todas las cosas ocurren no antes ni después sino en el preciso momento, y que el resultado del trabajo perseverante es la felicidad, comprendido así que ineludiblemente toda semilla lleva en si la promesa de una flor.

Por todo lo anterior, reciban todo nuestro respeto, cariño y amistad.

Infinitas gracias a todos.

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